Gracias a las estrategias mundiales impulsadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el periodo 2022-2030, el mundo avanza hacia la meta de poner fin al sida, las hepatitis B y C, y las infecciones de transmisión sexual.

Expertos señalan que actualmente el VIH dejó de ser considerado una enfermedad terminal y pasó a ser una condición crónica que puede ser controlada con tratamiento adecuado. En la década de los 90, una persona diagnosticada con VIH tenía una esperanza de vida aproximada de 39 años; hoy, con acceso a terapia antirretroviral, puede alcanzar una expectativa de vida similar a la de una persona sin el virus.
El tratamiento permite reducir la carga viral del VIH hasta niveles indetectables, lo que también evita su transmisión. Sin embargo, especialistas advierten que el principal desafío ya no es únicamente médico, sino social y político: garantizar que todas las personas tengan acceso oportuno y equitativo a los tratamientos.



