Javier López: “Podríamos quedarnos sin árboles en 15 años”




Javier López Soria ha dedicado cerca de cuatro décadas al estudio y la protección de los bosques bolivianos. Este agrónomo de vasta experiencia nacional e internacional ha puesto especial énfasis en denunciar la todavía imparable y creciente deforestación. En esta conversación con OH!, describe la magnitud del daño que se infringe a otro de los grandes recursos con los que nació Bolivia.

—Los recientes incendios en la Chiquitanía conmovieron al país, pero la destrucción de los bosques bolivianos suma otras agresiones graves. ¿Puede mencionar cuáles son las principales causas de la sostenida deforestación que afecta a Bolivia?

—Hemos observado una destrucción tan acelerada que es sencillo prever que a corto plazo sufriremos consecuencias negativas de nuestra falta de previsión. Es que la apertura de carreteras entre ciudades y pueblos facilitó el acceso a las áreas boscosas para la extracción de madera. Los caminos y sendas abiertas para el aprovechamiento forestal empresarial y la colonización de las áreas boscosas a lo largo de estas rutas, por colonos que practican la agricultura tradicional también son otro factor.

Igualmente suma la acción no regulada de motosierristas o cuartoneros y la conversión de grandes superficies boscosas para el uso agrícola y pecuario. Y a ello añadimos los incendios. En ese conjunto pueden destacarse las principales razones de la reducción de los bosques en Bolivia.

—¿Cómo ha evolucionado esa destrucción de los bosques bolivianos? ¿Tiene algunas cifras que nos den una idea de esa aceleración?

—Hay abundantes estudios sobre esta catástrofe. Tenemos los trabajos del programa satelital ERTS que nos dieron datos desde los años 70. También está la información que nos aportan los estudios de manejo forestal sostenible (Bolfor) que se realizaron en los años 2000 y los de la propia Superintendencia Forestal. Hay información nueva abundante y alarmante, pero no se reacciona.

En las últimas décadas se ha llegado a un promedio de pérdida de 276 mil hectáreas anuales. Considere que en 1975 el país tenía 56,5 millones de hectáreas de bosques. En 1993, ya eran sólo 53,4 millones y la cifra no ha parado de caer. El departamento de Santa Cruz es el más afectado, pero se ha desatado un crecimiento impresionante en Pando, Beni, Tarija y La Paz. Actualmente, el país es responsable por el 2 por ciento de pérdidas del bosque tropical en el mundo.

Precisamente, técnicos del Museo de Historia Natural de la ciudad de Santa Cruz han establecido unos parámetros muy ilustrativos: cada hora se eliminan 23 hectáreas de bosque en Bolivia. Es decir que en un poco más de 12 horas, se deforesta una superficie equivalente a la superficie encerrada por el primer anillo de esa ciudad. O sea, de manera continua, en menos de 2 minutos se deforesta el equivalente a una cancha de fútbol. Hago cálculos y veo que con los ritmos actuales de deforestación, podríamos quedar sin un árbol dentro de 15 años.

—A pesar de lo que ha pasado en 2019, ¿no se ha ralentizado, por lo menos, esa destrucción de los bosques bolivianos? ¿Qué tan grandes han sido los saltos en los últimos años, dado, incluso, el discurso de defensa de la madre tierra del anterior Gobierno?

—Le doy un dato: según el portal especializado, Global Forest Watch, en el año 2016 se deforestaron 470.601 hectáreas. Y mire que un año antes la cifra llegó a 166.275 hectáreas, casi el triple. Fue la mayor deforestación en 16 años. ¿No resulta realmente alarmante? Y eso que lo que vino en 2018 y 2019 ha sido terrible, como todos bien sabemos, y tenemos que esperar evaluaciones profundas.

—Ganaderos, soyeros… ¿quiénes se han beneficiado de la destrucción de los bosques bolivianos?

—En el periodo 1975-2007 se distribuyó ese “reparto”. La superficie deforestada en el país alcanzó a 6,1 millones de hectáreas aproximadamente. Eso fue ocasionado principalmente debido a la agricultura, la ganadería y la colonización. En los últimos 30 años se ha extendido una zona de agricultura empresarial al este y al norte del departamento de Santa Cruz, con una zona destinada a la ganadería. En los departamentos de La Paz y Cochabamba están las áreas destinadas principalmente al cultivo de coca, y en Pando hay una amplia zona deforestada por la colonización y la ganadería.

De todas maneras, el modelo forestal y el sistema de concesiones forestales vigentes en el país son en la práctica una herramienta útil de conservación de los bosques. Esto porque funcionan como una barrera de control al aumento de la frontera agrícola en una región tan dinámica como es el departamento de Santa Cruz, especialmente en las regiones chiquitana, chaqueña y amazónica. Pero, obviamente, falta un gran esfuerzo estatal para que ese modelo funcione como puede funcionar.

—¿Qué me dice de la deforestación ilegal?

—Fuera de las industrias madereras legalmente establecidas, existe un gran sector que utiliza los recursos forestales. Los usa como material de construcción, leña y bienes comerciales, producto de los desmontes y chaqueos destinados a la habilitación de suelos para la agricultura y la ganadería. Aunque no se tiene datos precisos, se sabe que un elevado porcentaje de estos usuarios del suelo, escapa al control del Estado.

Sin embargo, se considera que la situación es más grave aún por el aprovechamiento ilegal de los llamados cuartoneros o motosierristas. Ellos, con mínimo equipo, penetran en las áreas protegidas o parques nacionales, empresas madereras y propiedad privada. Luego cortan madera y la comercializan en los mercados locales, en menores condiciones de calidad y precio. El motosierrismo es una práctica prohibida por la legislación forestal. Es altamente ineficiente debido a la gran cantidad de desechos que produce y a la baja calidad de la madera que se obtiene.

—¿Cuánto de la deforestación es producto de motosierrismo?

—Al ser una actividad ilegal, es muy difícil tener datos exactos en cuanto a volúmenes aprovechados y precios. Sin embargo, se estima que solamente en Santa Cruz el comercio ilegal abastece más del 50 por ciento del mercado departamental. Estos volúmenes son superiores en los departamentos de La Paz y Tarija. Afectan con la competencia desleal a las industrias legalmente establecidas y a la Superintendencia Forestal que queda privada de los recursos impositivos (patentes forestales).

Recuerdo un documento del el Plan de Acción para Bolivia. Señalaba que en la localidad de San Borja, Beni, existía un sindicato de motosierristas que reunía alrededor de 150 personas, violando todas las normas del país. Se puede calcular que fuera de este sindicato existía otro número similar de motosierristas. En Rurrenabaque había otra asociación de motosierristas y comercializadores de madera, fundada en 1985 y contaba con alrededor de 300 afiliados.

El mismo documento señala que el aprovechamiento ilegal es realizado principalmente por colonos o campesinos. Son sectores que han abandonado parcial o totalmente la agricultura debido a su escasa rentabilidad y optan por esta actividad que les permite generar mayores ingresos económicos.

—Ha mencionado una alarmante deforestación en La Paz. Esa versión ha cobrado fuerza en años recientes. ¿Qué información tiene al respecto?

—Le doy otro dato: por los caminos que conectan las tierras bajas con las ciudades de La Paz y El Alto, se ha establecido que entre 35 a 50 camiones transportan madera ilegal por día. De estos, aproximadamente 20 a 35 vienen de Ixiamas (norte de La Paz). Se calcula que cada camión transporta madera por un valor de 10 mil dólares, lo que determina unos 9 a 15 millones de dólares por mes y una pérdida de 90 millones de dólares por año.

—¿Cómo se desató el fenómeno de los llamados “colonizadores” y grupos similares?

—Cuando empieza el desarrollo de la agroindustria en las tierras bajas de Santa Cruz con el desarrollo de la industria azucarera, del algodón, maíz, la soya… las industrias demandaban mano de obra para la cosecha. Entonces pidieron a los Gobiernos de turno el envío de trabajadores de tierras altas, quienes posteriormente se asentaron en estos suelos. Ellos se especializaron en el manejo de los diferentes cultivos y el procesamiento de los mismos. Con el tiempo, ante las perspectiva de buenos sueldos, casa y comida, miles de agricultores de los valles y el altiplano llegaron a Santa Cruz para ser parte de los llamados “colonizadores”.

Los “colonizadores” comenzaron a tomar tierras sin tener apoyo económico definido y empezaron a desmontar para aprovechar los árboles como base de su supervivencia por los primeros años. Esta actividad afectó también a la fauna porque resultó el único alimento cárnico de los colonizadores, que se dedicaron a la cacería. Hoy podemos observar lo mismo en las tierras bajas de La Paz, Beni, Cochabamba y Pando. Allí el colono se dedica a tumbar monte, comercializar la madera y alimentarse de la fauna o comercializarla a los chinos. Esto determina que día a día mayor cantidad de bosque sea destruido.

Lamentablemente, sin una voluntad política firme de mejorar la observancia de la legislación forestal, las medidas que se adopten tendrán posibilidades limitadas de éxito.

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