Edwin Mollo oraba en el templo cuando Jhomer Pachacopa, conocido como “Payasito 13”, ingresó vestido de payaso y le disparó con un arma artesanal. El crimen ocurrido hace una semana desencadenó otro episodio de violencia: el linchamiento del autor del asesinato, quien murió tras ser quemado por una turba

La noche comenzó como tantas otras en una iglesia de Shinahota, en el trópico de Cochabamba. Era domingo y el culto estaba por empezar. A las 20:00 estaba previsto el inicio de la reunión religiosa, pero los asistentes todavía llegaban poco a poco. En el templo había pocas personas; algunos músicos en la parte alta, tres asistentes y el pastor que ingresó para orar.
Nadie imaginaba que aquellos minutos previos al culto terminarían marcados por un crimen que abriría paso a otro.
El pastor Edwin Mollo Villana, de 53 años, llevaba más de dos décadas predicando en esa zona. Sus familiares lo describen como un hombre tranquilo y dedicado a su comunidad. Aquella noche entró a la iglesia para comenzar la oración, mientras su esposa terminaba de prepararse para acompañarlo.
Según el relato de uno de los testigos, un hombre vestido de payaso ingresó al lugar. Era Jhomer Pachacopa Chambi, un joven conocido en la zona por realizar presentaciones cómicas y vender dulces bajo el personaje de “Payasito 13”.
“El pastor estaba orando. Escuché que me dijo ‘ven’ y cuando miré estaba el asesino vestido de payaso, apuntándole a la cabeza”, relató el testigo. Según su versión, el disparo ocurrió en cuestión de segundos y el arma utilizada era artesanal.
El sonido sorprendió a quienes estaban dentro del templo. La esposa del pastor recordó que primero pensó que algo había caído, hasta que vio a su esposo tendido y herido.
“Corrí y mis hijas fueron detrás de mí. Mi esposo ya estaba lleno de sangre”, contó.
La investigación del Ministerio Público estableció posteriormente que la muerte del pastor fue causada por un traumatismo craneoencefálico severo provocado por un disparo de arma de fuego artesanal. La autopsia médico legal determinó la presencia de cinco perdigones metálicos en la cabeza.
LAS AMENAZAS
Después del crimen aparecieron testimonios sobre episodios anteriores que preocupaban a la familia del pastor.
La esposa de Edwin Mollo relató que Jhomer Pachacopa había cambiado con el paso de los años. Recordó que en su juventud era una persona tranquila, que incluso asistía a la iglesia, pero que después comenzó a tener problemas relacionados con el consumo de drogas y conductas que su familia asociaba con posibles trastornos.
Según su testimonio, el joven había recibido ayuda del pastor en varias ocasiones. Le habría entregado ropa y otros apoyos cuando lo encontraba en situaciones difíciles.
Sin embargo, con el tiempo, su comportamiento habría cambiado. La familia aseguró que hubo amenazas verbales contra el pastor e incluso mensajes publicados en redes sociales donde se advertía sobre una posible agresión.
“Yo le decía que denunciemos, pero él no quería. Decía: ‘¿Cómo voy a denunciarlo? Está trastornado, solo está hablando’”, relató la esposa.
La Policía informó inicialmente que existía la hipótesis de un posible conflicto previo relacionado con la pérdida de equipos de la iglesia y un llamado de atención realizado por el pastor. La familia de Mollo sostuvo que nunca hubo una enemistad, sino una relación de ayuda hacia el joven.
LA SEGUNDA MUERTE
La tragedia no terminó con el disparo dentro de la iglesia. Tras la investigación policial, Jhomer Pachacopa fue aprehendido por el asesinato del pastor. El 20 de julio fue trasladado a dependencias policiales de Shinahota, donde permanecía bajo custodia.
Al poco tiempo, una multitud llegó hasta la Estación Policial Integral (EPI) del municipio. Según el Ministerio Público, entre 500 y 600 personas ingresaron por la fuerza a las instalaciones, agredieron a los policías y sacaron al detenido.
La turba lo golpeó y posteriormente le prendió fuego. El hombre fue encontrado cerca del cementerio de Shinahota con quemaduras de primer, segundo y tercer grado, además de múltiples lesiones.
Fue trasladado inicialmente al hospital de Shinahota y luego evacuado hacia Cochabamba debido a la gravedad de su estado. Sin embargo, falleció durante el traslado, a la altura del municipio de Colomi.
El Ministerio Público abrió una investigación para identificar a las personas responsables del linchamiento y recordó que ninguna circunstancia permite ejercer “justicia por mano propia”.
DOS FAMILIAS, DOS FUNERALES Y UNA MISMA HERIDA
El pastor Edwin Mollo fue enterrado en el Cementerio Bolívar de Shinahota. Dejó a su esposa y a sus cuatro hijas, además de una congregación que lo acompañó durante más de 20 años de servicio religioso.
Jhomer Pachacopa también terminó muerto, víctima de una reacción colectiva que convirtió un crimen en otro.
En Shinahota quedaron dos historias atravesadas por la violencia: la de un pastor que perdió la vida dentro del lugar donde predicaba y la de un joven señalado por un asesinato que terminó siendo víctima de linchamiento. El asesinato del pastor ocurrió el domingo 19 de julio, por la noche.



